Un reencuentro con las oportunidades perdidas en Pal

2007

Un claro ejemplo del porqué en la nieve se le debe dar siempre segundas, terceras, cuartas o quintas oportunidades


A punto de subir por el telesilla Port Negre (Foto: Ivan Sanz).

Hay estaciones que no sabes muy bien por qué no las pones casi nunca como primera opción. Me refiero a cuando tienes varios destinos para elegir y entre éstas te encuentras, más o menos, que a pesar de que hay la misma distancia para llegar,  ofrecen un precio similar en el forfait y suficiente kilómetros de pistas para no ser demasiado repetitivos a la hora de esquiar, las acabas dejando en la reserva. O piensas que para otro día.

No sabría deciros el porqué, y lo cierto es que en el momento de empezar a escribir este artículo me he pensado dos veces el porqué de la afirmación que acabo de escribir. Quizás es consecuencia de que mi primera experiencia o visita en "tal o cual" estación no fue satisfactoria. Ni la segunda. Ni la tercera. Y pienso que eso es lo que me ha pasado con Pal, una de las dos estaciones de La Massana. La otra vecina, Arinsal, es para mí una cariñosa conocida por varios motivos.

Haciendo memoria, en Pal no habré esquiado en más de 4 o 5 ocasiones. Y todas las recuerdo o a inicios de temporada con poca nieve y dura o a finales con nieve primavera. Sí recuerdo en una ocasión una visita acompañada por una nevada muy generosa y con escasa o nula visibilidad. En definitiva, no demasiada suerte. Y antes de continuar dejadme que haga un matiz que ya he hecho en alguna otra ocasión. Que conste que puedo ser igual de feliz esquiando en un día de cielo azul, sol y nieve polvo en una mega-estación, como en un día de niebla y nieve en una estación pequeña. Eso sí, en este último caso dejadme que lo haga en buena compañía.


Redescubriendo el Estadi FIS Joan Carchat de Pal (Foto: Ivan Sanz).

El lunes tuve la oportunidad de esquiar en Pal y Arinsal. Mi última visita creo que debe ser de hace 3 temporadas. Lo hice con muy buena compañía, con un sol radiante, con temperaturas muy frías, con nieve polvo y con todo abierto. En la mejor coyuntura posible, vaya. Y posiblemente porque iba a esquiar relajado, por ocio y no por trabajo, disfruté intensamente de las dos estaciones.

En Pal descubrí pistas que no recordaba y que me encantaron, como la Eslalom o su gemela Corpalanca, dos trazados cortos e intensos con muy buena nieve para poner a prueba la técnica.

Redescubrí el estadi Joan Carchat o el nuevo edificio del Coll de la Botella, inaugurado este invierno. Tuve tiempo de escuchar las conversaciones de los numerosos escolares andorranos que cada día suben a pistas para practicar el deporte nacional de Andorra. Y también vi como en lo alto de cada remonte ondeaba una bandera andorrana.

El caso es que escuchar los escolares andorranos hablar en catalán y ver la bandera andorrana me hizo dar cuenta que sí, que estaba esquiando en Andorra y no en un destino fuera del Pirineo. Escribo esto porque a veces, las estaciones andorranas, de tan internacionalizadas, en clientes, trabajadores y gastronomía, acaban diluyendo su identidad como destinos auténticos.

¿Y de Arinsal? Pues deciros que siempre he guardado un buen recuerdo, ya que es el primer lugar donde di clases de esquí en aquel lejano invierno de la temporada 1990-91. Para mí fue una alegría verla vestida de blanco intenso y poder deslizarse con una nieve polvo de excelente calidad, de las que yo llamo “nieve de escándalo”. Arinsal se mostró el lunes como un rincón acogedor, con ambiente y sin aglomeraciones, ideal para disfrutar de buenas bajadas.

Ahora sí, ya puedo decir que, por fin, Pal y Arinsal pasan a ser para mí una opción más a tener presente sin ningún complejo. Pal, Arinsal ... que bueno y que necesario que es dar segundas, terceras, cuartas o quintas oportunidades. ¡Hasta pronto!


Así lucía Arinsal el lunes. Vista del sector Port Negre con las pistas La Capa i La Pala al fondo. (Foto: Ivan Sanz).
 

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Blog creado por Ivan Sanz Tusell
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