Vacaciones en el mar

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¿Vacaciones en el mar en una plataforma de nieve y montaña?
Algunos países que se cubren de blanco al menos 7 meses por año dan para veranear en el mar.
 
 
INTUICIÓN, MIEDOS, RACIOCINIO
Primeras vacaciones después de 5 años sin ellas.
Primeras vacaciones de mi vida con amigas y con conocidas.
Primera vez viajando con planificación de terceros.
 
Un Whatsapp, cuando aún teníamos nieve, diciendo ir juntas a palear por un parque nacional de Finlandia en agosto 2018.
¡Sonaba fantástico!
 
Busco información en la red.
Parece un sitio tranquilo.


 

Tenemos que ser mínimo 3. Acabamos siendo 4.
 
Experiencia remando en mar= 0
 
La empresa que alquila los kayaks hace curso básico de seguridad antes de empezar la ruta “auto guiada”.
 
Parece todo correcto.
 
Si encima le sumamos que estamos hablando de uno de los países punteros en tecnología y con la mejor nota en el informe PISA de cada año, un país desarrollado, con una sociedad (aparentemente) viviendo en simbiosis con el medio ambiente, ¿quién dudaría?
 

 

Mi intuición.
 
Mi intuición hace que compre los billetes la última de las 4.
Mi intuición hace que esté muy agobiada cuando pienso en las vacaciones.
Mi intuición hace que contacte 2 veces con la compañía aérea la semana antes de volar a Helsinki y explicarle a Julia, la que tiene que ser mi compañera de tienda de campaña en esta aventura, como me siento.
 
Al final, por no “dejarla colgada”, cojo el avión de Finnair rumbo a mis peores vacaciones…
 
SUPERVIVENCIA Y APRENDIZAJE
Visitamos Helsinki en bicicleta.
Una ciudad pequeña, plana y preciosa.
Una ciudad con una gente amable que a la que te ve con un mapa, se acerca para preguntar si puede ayudarte.
 

 

De Helsinki a Turku, donde Benjamin nos recogerá para llevarnos al punto de salida de nuestro viaje de 5 días e kayak de mar por el Archipiélago National Park.
 
Hay tormenta.
 
Miramos los mapas y las rutas que nos propone con un café caliente entre las manos.
 
Benjamín comenta que la previsión daba vientos MUY fuertes para el día siguiente, pero que parece que cambia.
 
Nos sugiere ir hacia el sur, a Vänö.
 
El cielo da una tregua y mis 3 compañeras hacen el curso de seguridad básico, que yo “me salto” por haber sido guía de río en mis años “mozos”.
 
Comemos un poco y salimos dirección sur.
 
No avanzamos al ritmo previsto, así que paramos a montar el “campamento” Högsara.
 
Donde yo esperaba encontrar una playa desierta hay hasta baño…
 


 

Primera puesta de sol con kayak.
 
Los primeros rayos de sol nos despiertan.
Montar y desmontar el campamento no es una tarea rápida.
Meter todo otra vez en los kayaks, tampoco.
 
En la orilla hay pequeñas olas, por lo que pregunto si no es mejor (viendo el mapa) dirigirnos hacia nuestro objetivo del 4º día, Pensar, donde tenemos una casita reservada.
 
La respuesta es contundente: “Esto es el mar Báltico, aquí no hay grandes olas”
 
La mía, también: “Pues eso, es un mar, no una piscina”
 
No hay discusión: Vamos a Vänö
Gran error: Olas de unos 50cms chocan contra mi kayak, un “Sea Pearl” que no esta hecho ni para mi peso ni para oleaje.
En ocasiones, tenemos que palear con las olas dándonos lateralmente.
 
Mi sensación es clara: Nos estamos jugando la vida.
 
Por un mal cálculo de qué es el Mar Báltico, pero, sobre todo, por una imprudente ruta que se nos ha sugerido hacer cuando las previsiones meteorológicas eran (parece) claras: Viento fuerte e incrementando.

 

Foto: Cathy O'Dowd

 
Llegamos a Vänö.
Estoy viva.
Pero al día siguiente, cuando la previsión dice que lo vientos aún será peores, tenemos que volver por el mismo tramo de mar abierto, si protección de ninguna isla.
 
Estoy convencida que voy a morir ahogada el 6 de agosto.
 
Entre lágrimas, escribo una carta a mi hijo en la libreta de notas que me he llevado con mi equipaje kayakero, por si la inspiración me venía a visitar.
 
No pensaba escribir una carta de adiós…
 
Nos visita una tormenta de viento i agua, que da paso a una puesta de sol con arco iris y un mar que parece una piscina.
 

Foto: ©Diana Martin i Gamisans

 
No puede ser que este mismo mar sea el mismo que hace unas horas me ha querido tener con él para siempre…
 
Nos levantamos. 
Estoy aterrada.
Vuelven a haber pequeñas olas en la playa, sinónimo que cruzar hacia Högsara de nuevo va a ser igual que ayer.
 
No recuerdo cuantas horas estuvimos para cruzar.
Sólo sé que luché cada palada por no volcar en medio del Báltico.
 
Llegamos a Söderön (creo) y una de mis compañeras dice de cambiarnos el kayak.
El suyo es el mismo modelo que el mío pero versión “masculina”, el Black Pearl. 
Un poco más ancho, con lo cual, la sensación de inestabilidad, disminuye.
 
Las otras 2 compañeras lleban kayak Sea Bird Scott.

 

Foto: Cathy O'Dowd

 
Navegamos protegidas del viento por los islotes rumbo a Sandön o a Helsingholmen, pero cuando llegamos a la punta noreste de Norstö, un tramo a mar abierto, mi compañera “GPS” parece darse cuenta de que las olas no son como para palearlas con los kayaks que llevamos y con nuestra inexperiencia en este tipo de situaciones.
 
Somos chicas de montaña.
Sobre todo ella y yo.
Y estamos en un medio que no es el nuestro.
 
Hemos venido a disfrutar de un parque nacional de mar, con aguas tranquilas.
Nos hemos encontrados vientos de 70km/h
 
Decidimos dormir en la orilla, una playa de no más de 140cms
 
Los barcos y lanchas no paran de pasar.
 
Me cuesta mucho dormir.
Estoy viva, pero tengo claro que no voy a exponerme otra vez como el día anterior y ese día por cruzar un tramo de mar abierto con olas que no tendrían que estar ahí.
 
Si cuando nos levantemos a las 5h30 el mar está igual, yo cruzo al otro lado en perpendicular, llego a una isla con ferrie y final de mi aventura finlandesa.
 
Me quedan demasiadas cosas por hacer como para morir ahogada.

 

 
Nos levantamos antes que el sol.
Pero vamos demasiado lentas y, junto a su luz, también se levanta el viento por el contraste de temperaturas.
 
Nos apresuramos a salir y a cruzar el tramo que el día anterior estaba claro que era imposible.
 
Llegamos a la bonita Helsingholmen en tan solo una hora, pero se aprecia que el viento vuelve a aumentar: Nos quedan unos 15kms más hasta Pensar, sin islas que nos protejan del viento…
 
Vuelven las olas, en esta ocasión con viento de cara, en alguna ocasión cambiando de rumbo y pegándonos lateralmente.
 
El paisaje es todo igual.
Me aburro.
 

 

 

Llevamos ya unas 3h desde la última parada en tierra firme
 
Es psicológicamente agotador.
 
Por fin, llegamos a un pequeño islote, con una parte protegida del viento, y decidimos parar 2 horas: Descansaremos hasta las 15h (hora finlandesa)
 
El viento de norte ha hecho que pasáramos de remas en bikini y chaleco salvavidas a remar con térmica, cortaviento y chaleco y no nos sobre nada.

 

Foto: Cathy O'Dowd

 
Busco alguna roca que me proteja del frío para poderme estirar encima y sentir su calor mientras como.
 
Llevamos tantas horas paleando que decido comer a mediodía de forma potente y dejar para la noche lo “light”, al revés que el resto de los días.
 
Finalmente salimos a las 15h30 porque la arenilla de la playa se ha metido en una de las quillas y una compañera ha tenido que limpiarla con la ayuda del resto de nosotras o habría sido imposible utilizarla en caso de necesidad.
 
Aparentemente sólo nos quedan unos 5km más, pero otra vez tenemos que cruzar un tramo abierto.
 
Estoy harta de olas, estoy harta de islotes rojizos y de pinos curvados por efecto del viento.
 
Sólo quiero llegar a Pensar, darme la primera ducha en 3 días, trabajar un rato, ver la puesta de sol e irme a dormir para levantarme en el que tiene que ser un último día apacible en kayak…

 

 

 

Me despierto a las 4h
Hay una salida de sol preciosa, con la luna alumbrándola.
 
Me iría ya.
 
Sólo tengo ganas de acabar con esta aventura que nunca tendría que haber aceptado.
Ir contra mi intuición casi me cuesta la vida.
He sentido miedo estando en medio de la naturaleza como nunca antes lo había sentido.
 
Salimos a media mañana de Pensar hacia Pargas port, donde Benjamin nos tiene que recoger.
 
Vuelve a soplar el viento.
Tenemos de cruzar de Pensar a Küggo y Heisala para estar mínimamente protegidas.
 
Por fin llegamos a un tramo de mar entre islotes.
Así es como se suponía que tenía que haber sido todo este viaje: Paleadas en aguas más o menos calmadas.
 
Pienso en qué valores tiene una persona que alquila 4 kayaks a 4 clientas inexpertas con previsión de vientos muy fuertes.
Pienso en porqué se nos envió hacia el sur cuando lo razonable y seguro era navegar entre islas.
 
Pienso en todo lo que he aprendido sobre seguridad e imprudencias estos días, aplicable al turismo de nieve.
 
Pienso en qué momento decidí vivir.
 
¿QUÉ HE COMIDO?
Puesto que no como carne y que compartía tienda de campaña con Julia, decidimos que ella se encargaría del desayuno, haciendo un pastel de avena, frutos secos, fruta, que suele llevar a la montaña como tentempié y que lo envasaría al vacío en porciones diarias.
 
Yo, me encargaría del café, la leche y la cena, que tenía que ser una comida que repusiera fuerzas para el día siguiente.
 

 

Para ella, compré pasta china y japonesa que sólo requerirá añadir agua caliente.
Para mí, bolsas vegetarianas Björ altas en proteína, fibra y magnesio y una lata de sardinas que me supo a gloria el día que la devoré.
 
Arrastramos todo desde Andorra: 17kgs de maleta+ mochila.
 
En ningún momento pasé hambre.
 
¡El pastel de Julia, exquisito!
 
ROPA
¡Todo el norte de Europa llevaba un verano muy cálido, pero íbamos casi al Polo Norte!
Preferí “cargar” con la ropa térmica de manga larga.
Acierto total: Decidí palear con las mallas unisex Compressive de Lurbel, que se suponen son para recuperación y no térmicas, pero estando una media de 6 a 8h en el kayak, sin apenas mover las piernas, pensé que sería de gran ayuda llevarlas puestas. 
Cuando “amarrábamos”, me sacaba la ropa mojada para ponerme la ropa térmica de invierno que Lurbel me envió el año pasado cuando tenía que ir a filmar al Atlas unas travesías de 4.000 durante la primera semana de septiembre y para el invierno andorrano.
Simplemente genial.
 

Foto: Cathy O'Dowd

 
Secaba la ropa usada, puesto que el Báltico apenas tiene sal y al día siguiente, otra vez mallas que ayudaran a mi riego sanguíneo y calcetines térmicos para temperaturas positivas con B-max, que evitaran que las muchas horas de humedad de mis pies dentro del kayak sufrieran rozaduras y/o ampollas.
 
El día de más frío (y puesto que la empresa de alquiler de kayaks no nos facilitó chaquetas de kayak), paleé con la chaqueta unisex Kamleika Smock de The OMM sobre la térmica de manga larga Alaska de Lurbel.
Genial puesto que la chaqueta es muy ligera y el tejido ligeramente elástico, la cual cosa te permite libertad total de movimientos.
Además, en tener la manga con “agujero” para el dedo gordo, fue perfecta para evitar (en la medida de lo posible, remando entre olas) que me entrara agua por la manga.
 
En los ojos, Adidas Sport Eyewear: Terrex. Ligeras i cómodas.
 
AGRADECIMIENTOS
Agradecer a Cathy si gran gestión del GPS en el mar, entorno donde no era nada fácil utilizarlo cuando teníamos olas, ya que soltar la pala para mirar pantalla, fijar punto, coger el mapa y la brújula, no era nada evidente.
 

Foto: Cathy O'Dowd

 
Pero, sobre todo, agradecer a Julia su complicidad en los momentos críticos.
Una mirada y 4 palabras dejaron claro que, si pasaba lo que ninguna de las 2 queríamos, una estaría ayudando a la otra en lo que se necesitara.
Gracias por tu calidez y tu buen humor.
Una amistad que se inició en las montañas, se ha sellado para siempre en el mar.
 
TRACKS
Todos los tracks hechos en kayak por el Archipelago national park están en el perfil Wikiloc de Cathy
 
FLORA Y FAUNA
El primer día pude ver a un águila de cola blanca.
En el agua, había unos pececitos pequeños.
 

 

En cuanto a flora terrestre, igual que en los Pirineos (hasta comimos frambuesas en Vänö)
En cuanto a algas marinas, abundancia, puesto que las altas temperaturas de este verano las han hecho crecer como nunca. 
 
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Blog creado por Diana Martin i Gamisans
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