Del verde al blanco: Andorra, un país de colores.

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Estamos en otoño, pero, a partir del 15 de noviembre ya todos tenemos la cabeza en blanco.

El “estiuet de Sant Martí” que decimos por aquí arriba, me recuerda un año y otro que, aunque tenga ganas de calzarme los esquís de montaña o las raquetas antes de empezar la temporada de alpino y, por consiguiente, a dar clases de esquí, sólo estamos en el segundo mes de otoño.

 

Y de repente… Paso de ir en tirantes a ponerme la bufanda.

Los años van pasando y se repiten los mismos comentarios sobre “qué calor” (a mediados de noviembre) y “qué frío, ha venido de golpe” (a partir del 19).
 

 

Nos hacemos mayores, perdemos la memoria, así que mr. Zuckerberg pone solución para que podamos ver que cada año desde que tenemos Facebook, se repiten las nevadas las últimas semanas de noviembre.

 

Y este año, no ha sido diferente: entre el “Andorra a Taula” y “La Massana Fogons”, 2 jornadas gastronómicas que se celebran durante el otoño en el país de los Pirineos, se han sucedido días de sol, lluvia, nieve y viento.

Entre plato de “trinxat” (plato típico de estos lares, que consta de col helada en el huerto y patata, pasadas por la paella con el aceite de la panceta bien frita) y el de arroz de gambas con que me han obsequiado para celebrar que sumo 365 días más a mi experiencia, veo pasar los copos de nieve un jueves de finales de noviembre, en un precioso restaurante del pequeño pueblo de Sispony (Andorra).

 

Hace ya 2 días que no vemos el sol, pero todas las previsiones meteorológicas dan un día radiante para mañana...

Sol después de 48 h de precipitaciones sólidas en altura?

Mi mente vuela igual que los copos al otro lado de la ventana de esta borda donde ceno.

Hace días que he cerrado la agenda: la mañana del viernes, será mi momento de descanso, de desconexión con el mundo y de conexión conmigo.

 

 

Me voy a dormir habiendo trabajado hasta tarde.

Las dudas me invaden: Acusaré mañana el cansancio?

Tengo todo el equipo de esquí de montaña controlado: pieles, esquís, palos, guantes finos, manoplas, casco, gafas con cristal de nieve, … Creo que sí.

 

Cierro los ojos y, cuando los abro… No lo puedo creer! Ni un solo hilo de nube, no queda ni rastro de la perturbación y las montañas que me acogen lucen increíblemente blancas ante la salida del sol radiante.

 

Repaso correos, campañas vigentes en social media de los clientes, agenda y... adiós, mundo cruel!.

 

El espectáculo es digno de pleno invierno: árboles cargados con un palmo de nieve a 1.700m, carretera con equipamientos especiales para llegar a La Caubella de Pal.

 

Foto: Altitud Esports

Me pongo las botas, acaricio las pieles de foca contra mis esquís, pongo el gancho de seguridad y empiezo a subir por en medio del bosque.

Si te digo que es Finlandia, te lo crees.

Pero no, es Andorra, justo detrás de casa.

 

La estación de Pal, Vallnord, aún cerrada al público, nos ofrece unas condiciones immejorables para iniciar la temporada de “rando”, con suficiente base en el bosque para subir disfrutando de los rayos de sol que se cuelan entre los árboles para después bajar por las pistas ya pisadas y con calidad polvo, dado las gélidas temperaturas que acompañan nuestra primera incursión de la temporada 2015/2016.

Si hubiera ido sola, me hubiera quedado aquí, haciendo mil y una fotos, pero Montse y Josep están en plena forma y ni se les pasa por la cabeza dar media vuelta. Así que... para arriba, que en el Cubil de Pal falta gente!

Se ven trazas de alguien que ha madrugado aún más que nosotros y que seguro no teme el frío.

Silencio, sol, paisaje de ensueño y toda la montaña para nosotros 3.

 

Entre foto y foto, entre metro y metro, me doy cuenta de lo afortunada que soy: estoy viva, siento, el sol me acaricia la piel y la suave brisa hace revolotear mis cabellos rebeldes que no he conseguido hacer formar en la trenza que siempre me acompaña en mis días de nieve.

 

Siento algo en mi interior, algo a lo que yo llamo felicidad.

Sonrío.

 

Estoy haciendo lo que me gusta en el primer día de nieve y sol de este otoño que camina hacia el invierno.

Las panorámicas desde el Cubil de Pal, a 2.358m, nos muestran una Andorra de postal, con todas las cimas blancas a la vez que los valles llenos de colores otoñales.

Sacamos las pieles con la emoción de saber que vamos a disfrutar como niños de los 800 m de desnivel que nos separan del coche.

Empezamos a deslizar, las sensaciones son divinas, voy cogiendo confianza, siento la velocidad en la cara.

Llegamos al coche no creyéndonos lo que acabamos de experimentar un 27 de noviembre.

 

El “Black Friday” ha sido un viernes de lo más blanco e increíble, aunque… creo que aún me queda algún día de caminatas por los senderos que me han visto pasar un día y otro desde hace 7 meses, algún paseo por los bosques que me dan su leña y me llenan la boca de sabores con frutos rojos silvestres un mes detrás de otro, entre blanco y blanco, algún encontronazo que otro con alguna ardilla despistada, con algún pájaro carpintero verde que vuela majestuoso fuera del alcance del objetivo de mi cámara.

 

    Fresas silvestres    Frambuesas silvestres     Moras en los bosques de Andorra

                                                                            

Todo esto y mucho más, es Andorra.

Aún no sabes a dónde ir a perderte?

 
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Sobre este blog

Blog creado por Diana Martin i Gamisans
Fotógrafo en acción, el COEX, múshing, qué me calzo para hacer una salida sobre nieve, necesito material técnico y no sé por dónde empezar, el GRM, podólogos a tus pies, nutrición, cómo recupero después del esfuerzo, preparación física, písters, … todo aquello que siempre te has preguntado y mucho más, en Enjoying Mountains

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