Mi último día de esquí de una temporada histórica

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Sensaciones muy personales de un último día de esquí en una temporada histórica. Así lo viví.


Uno de esos días épicos en que la nieve lo cubre todo (Foto: Ivan Sanz).

Fue el uno de mayo. Es uno de esos días en que te levantas a partes iguales entre emocionado y resignado. Sabes que cierras una temporada, otra más, y que a partir del día siguiente se avecina un largo verano en el que más de un día, y de dos, y de tres, echaré en falta la nieve, el frío y el deslizarme pendiente abajo por una pista vacía.

Es ese día en que te vistes como los demás días, sí, pero te das cuenta de que tu equipo, nuevo de esta temporada, se ha descolorido. Buena señal. Y te pones los calcetines con más cuidado que otros días. No sé el motivo, pero fue así.
 
Y te subes al coche y empiezas a rodar esos pocos quilómetros que te separan de la estación con la vista fijada en la montaña, en la cima. Y te das cuenta que la despedida de la temporada no será tan soleada como otros años. Ya se sabe, ningún final de temporada puede ser igual a otro.
 
Y aun así, con esa niebla y cielo gris que sé que muy posiblemente me acompañará durante todo el día, es una jornada para estar contento. Y lo reflejas sin darte cuenta subiendo el volumen de la radio. Y lo haces al son de esa emisora musical de música dance de rabiosa actualidad que a mí, particularmente, me hace subir la adrenalina en los momentos que vivo con especial intensidad.
 
Y llegas al parking. Y te das cuenta de que tus amigos y compañeros de esquiada del último día ya tienen el coche mucho más cerca de las escaleras de acceso a pistas y a los remontes que no donde lo aparco yo. Está claro, llevan rato disfrutando del último día. Ya me lo soltaron irónicamente en su momento: “te has vuelto un burgués de la nieve”. Y el último día, siendo el último, también llego tarde.
 
Y te pones las botas. Y te las abrochas a conciencia, porque sabes que es el último día que lo haces. Y llega el momento de ponerte crema protectora, aunque el sol no luzca. Y te pones el teléfono en el bolsillo pectoral de la chaqueta y te das cuenta de que la cremallera ya no cierra desde hace semanas. Son los efectos "colaterales" de un gesto que seguía un guion y que he hecho centenares de veces durante la temporada. El bolsillo no resistió tanto subir y bajar la cremallera para hacer fotos o para consultar el whattsapp.
 
Y te subes al telesilla y por fin, justo en ese momento, te olvidas de que es el último día. Ese sonido, ese zumbido que emite el desembragable me trae los mejores recuerdos y sensaciones de una temporada que, por segundo año consecutivo, acaba siendo histórica. Por qué sí, porque todos estaremos de acuerdo en que la temporada 2017-18 pasará a la historia por las buenas condiciones de la nieve, por las nevadas frecuentes y por esos grosores de nieve que, con demasiada frecuencia, son más propios de otras latitudes o cordilleras.
Mi último día en pistas siempre lo vivo con ese algo especial, entre épico y alegre, y a la vez entre resignado y triste. Como una experiencia de sensaciones contrapuestas. Una montaña rusa de emociones en pleno Pirineo oriental
Ese día que sabes que es especial y que por ello necesitas vivirlo y compartirlo con amigos que piensan y viven la nieve con la misma o más intensidad que tú mismo. Porqué el esquí puede ser individual y egoísta, y a la vez social y colectivo. Pero nunca estás sólo. Porqué en la nieve siempre hay cómplices, siempre hay ese conductor del remonte que se convierte en tu ángel de la guarda del día, o unos whatsapps que durante el trayecto del telesilla hablan de nieve y sacan humo. Y te vienen a la memoria esos mensajes más usados cuando haces la primera subida del día. Y así todos los días de la temporada: "¿Por dónde estáis? ¿Y ahora por donde bajaréis? ¿Y qué tal la nieve? ¿Y dónde vais a comer?"
Es ese día de despedida en que cada bajada la disfrutas a conciencia para que todo resulte tan intenso en emociones y sensaciones para así recordarlo durante muchas semanas en las que el calor se hará agobiante.
Es ese día en el que subiendo por el telesilla te vienen los recuerdos de lo vivido. En tu cabeza esos flashes con imágenes de días de euforia por las buenas condiciones. O por la ilusión con que recuerdas haber leído la confirmación del primer día de apertura de la temporada. O por los boletines meteorológicos de la radio anunciando nieve. O por ese día que en las noticias prime-time de tu cadena preferida te informan que la nevada del 5 de febrero se convierte en histórica. O por la alegría que percibes en las colas de los remontes día si día también.
 
Y es que al final recuerdas como única nota negativa de la temporada una única cuestión: el exceso de fines de semana con una meteorología adversa. En fin, en todo caso, me permito el lujo de despedirme de una temporada a la que solo le puedo reprocharle eso, que no me dejara disfrutar algún día más de cielo azul y sol radiante.
 
Amigos, compañeros o lectores, como vosotros prefiráis: deciros que la primavera avanza, y más pronto de lo que nos pensamos estaremos de lleno en el verano. Y detrás del verano llegará el otoño y con él una nueva temporada estará a la vuelta de la esquina. Cuando llegue ese momento dejaremos de vernos sólo en esta pantalla y nos volveremos a encontrar en pistas. Un verano más, tomad fuerzas y disfrutad del buen tiempo, con salud en lo físico y con algo de nieve en el rincón más profundo de vuestra conciencia. ¡Nos vemos pronto!
 


Uno de esos días épicos de la temporada 2017-18 (Foto: Ivan Sanz).

 


En el Roc Blanc de La Molina el 5 de febrero dejando huellas y trazadas (Foto: Ivan Sanz).
 


Disfrutando del último día en buena compañía (Foto: Ivan Sanz).
 

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Blog creado por Ivan Sanz Tusell
Reflexiones y opiniones que se deslizan por tu cabeza en esos ratos de relax que te dan los trayectos en un telesilla cualquiera

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