Un verano con montañas masificadas

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Un artículo de opinión muy personal sobre lo visto y vivido en las montañas este pasado verano.


Una de las imágenes que hemos visto este verano. El baño en los lagos de alta montaña no está permitido. Si se trata de un Parque Natural, esta directamente prohibido (Foto: PN Alt Pirineu).

Llegó el otoño y con él llega un buen momento para mirar atrás. Creo que muchos estaremos de acuerdo en que el verano de 2020 pasará a la historia por ser el más atípico de los últimos cuarenta o cincuenta años. Y en las montañas y en los Pirineos en concreto, todavía más.

Tras la amenaza de contagio por la Covid-19 y los tres meses de confinamiento estricto, se veía venir que el turismo de montaña iba a funcionar como nunca antes.

El hecho de que los entornos de montaña tradicionalmente se hayan vinculado a una vida sana y una imagen de autenticidad, y que a todo ello se le haya añadido la buena promoción turística difundida por parte de las correspondientes autoridades y que , además, el mundo de los viajes de turismo de larga distancia, o al extranjero tal como los conocíamos hasta el momento irían a la baja, ya hacía prever que la montaña actuaría como un refugio de éxito para los que buscaban un turismo tranquilo y de proximidad. Pero la estrategia ha sido tan acertada como explosiva.


Alta afluencia de visitantes, por tierra y "mar", en parajes como el Congost de Mont-Rebei. Imagen del pasado 11 de septiembre de 2020 (Foto: IST).

Vaya por delante que la afición sobrevenida por muchos para hacer actividades al aire libre no quita que, en el fondo, es una buena cosa para nuestra sociedad. Cada día son más las personas que valoran el entorno natural y con él los cientos de caminos, senderos, vías y espacios naturales fantásticos a lo largo y ancho de los Pirineos. Pero todo ello tiene sus consecuencias y se ha visto que la masificación de la montaña ha sido una evidencia.

Ello ha generado más accidentes y un acceso a determinada tipología de visitante que no entiende de la delicadeza de los ecosistemas de la naturaleza. Y en un santiamén hemos dinamitado la imagen de la montaña vinculada al turismo tranquilo, familiar y no masificado.

Además, durante estas semanas estivales se ha podido ver como a muchos de los nuevos practicantes de deportes o actividades en la montaña faltaba un mínimo de preparación y conciencia.


Esperando turno en la cima de la Pica d'Estats para hacerse una foto. Image de principios de septiembre (Foto: PN Alt Pirineu).

He visto turistas de paseo marítimo con chanclas o náuticas y jersey veraniego atado a los hombros en senderos de acceso a lagos de alta montaña.

He retratado runners equipados únicamente con poco más que una camiseta técnica, un pantalón corto, un reloj con GPS, unas zapatillas "Kilian Jornet" y una botellita de agua en cumbres de 2.900 metros como el Puigmal. Y llegar pidiendo agua al resto de excursionistas. Sin miedo al contagio.

Creo que todos hemos leído sobre aglomeraciones en cimas como el Pedraforca o la Pica d’Estats.


Sendero de los Llacs de Tristaina, en Arcalís, Andorra, a principios de septiembre (Foto: David Triadú).

Hace muy pocos días nos apartamos para dejar paso a dos runners que ponían su vida en peligro, y la de los demás, en el camino excavado en la roca del desfiladero de Mont-rebei.

Hemos visto fotos de excursionistas que se bañaban en lagos de alta montaña en pleno Parque Natural del Alt Pirineu.

He compartido con muchos otros caminos de la Cerdanya literalmente masificados por practicantes del senderismo, de la hípica, del ciclismo mountain bike y de quads ruidosos.

El círculo bien se podría cerrar añadiendo los perros de excursionistas hacia alguna cima que molestaban rebaños de yeguas y vacas, quienes no saben que cuando nos cruzamos por la montaña siempre nos deseamos o saludamos con un 'buenos días' y por aquellos que aparcan el vehículo de cualquier manera pensando que nadie más les vendrá detrás. Egoísmo puro y duro en un ambiente en el que siempre habíamos visto compañerismo y solidaridad.

Parece que todos estaremos bastante de acuerdo con la idea de que las actividades en la montaña tengan una regulación que ayude a limitar, aunque debe ser de una forma democrática y clara, un acceso que evite daños al entorno natural y masificaciones que ni convienen ni gustan a nadie.

Hoy más que nunca, echo de menos a los visitantes de la montaña la educación y espíritu montañero que supieron dar las asociaciones y clubes alpinos de los años 70, 80 y 90 del siglo pasado. Hay que recordar, además, que la montaña ni es de todos como algunos quieren hacer creer (la montaña también tiene propietarios de la misma forma que deben dar derecho de paso por sus senderos y caminos), ni debería ir todo el mundo, aunque debe quedar claro que todos tenemos derecho disfrutarla si sabemos cómo debemos actuar.

Ahora creo que les toca a las autoridades poner orden y evitar que la montaña acabe convirtiéndose en una alternativa igual de masificada que el turismo "de playa".

La emblemática cima del Pedraforca en un fin de semana del pasado mes de julio (Foto: ACN).

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Blog creado por Ivan Sanz Tusell
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