Así funciona el Snow-Farming: nieve 'cultivada' para abrir las estaciones de esquí a la carta

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Así abrió la estación finlandesa de Ruka la temporada el 6 de octubre de 2017.
Sáb, 05/05/2018 - 17:43
Cada vez son más los centros invernales que recurren al “snow-farming” para conservar la nieve sobrante de una temporada para la siguiente.
La idea romántica de esquiar en nieve completamente natural es cada vez más una utopía. No nos engañemos, la realidad es que el esquí alpino requiere del desarrollo humano para poder disfrutarlo y es que la mayoría, por no decir todas, las estaciones de esquí producen y procesan la nieve que hay en sus pistas.
 
Primero fueron las máquinas pisanieves, luego los cañones de nieve, más tarde los complejos indoor y ahora el cultivo de la nieve o “snow-farming” termino inglés con el que se le conoce. El almacenamiento de nieve en el verano para el turismo del invierno siguiente, ha visto un creciente interés en los últimos años. Ruka, en Finladia, fue de las pioneras y le han seguido Sochi (Rusia), Davos (Suiza), Le Clusaz (Francia), Ulricehamm (Suecia), Otepaa (Estonia), Ruhpolding (Alemania), Courchevel (Francia), entre otras muchas, o esta temporada la estación española de Candanchú, como informábamos a principios de semana en Lugaresdenieve.
 
 
El snow-farming consiste en reunir grandes pilas de nieve durante el invierno y taparlas luego durante el verano con lonas fabricadas con telas especiales que repelen el calor, aunque el serrín y la paja también da buenos resultados. Con este sistema, más de dos tercios del volumen de nieve inicial se conservará de una temporada para otra.
Las máquinas ratracks de Candanchú han amontonado este mes de abril, 12.000 m3 con una altura de 8 metros de nieve que han empezado a cubrir con paja para preservarla del calor.
Los resultados del estudio “Snow farming: conserving snow over the summer season” realizado el Snow and Avalanche Research SLF, de Davos, Suiza y la School of Architecture, Civil and Environmental Engineering, École Polytechnique Fédérale de Lausanne y publicado por “The Cryosphere” indican que el 74 y el 63% del volumen de nieve se conservó durante el verano en Davos (Suiza) y Martell (Italia). Si se considera masa de nieve en lugar de volumen, los valores aumentan a 83 y 72%. Otra ventaja es que la densidad de la nieve que queda es muy elevada, más que la de cañón, por lo que ha demostrado un buen aguante al extenderla sobre pistas.
 
 
El cultivo de nieve se ha practicado en lugares elevados y en estaciones situadas en apenas 700 metros de altitud, con temperaturas que superan los 30 grados en verano. Almacenar la nieve en depósitos cubiertos con aislantes y mantas, o bajo serrín o paja, puede dar autonomía a las estaciones a la hora de abrir sin esperar a que el tiempo sea el adecuado o caiga la nevada que permita pisar pistas e incluso antes de que las temperaturas permitan poner en marcha los cañones de nieve artificial.
 
No es ciencia ficción y un buen ejemplo lo tenemos en la estación de Ruka, que cuando aún nos quedan meses para poder ver las estaciones abiertas en la mayor parte de Europa, la finlandesa acaba de abrir sus puertas sin necesidad de una copiosa nevada de otoño, ni de bajas temperaturas con las que fabricar nieve con sus cañones. 
 
 
O en Courchevel, que ha almacenado veinte mil metros cúbicos de nieve (veinte millones de litros) de cara a utilizarla en caso de necesidad en las pruebas de la próxima edición de la Copa del Mundo femenina de Esquí Alpino, en diciembre.
 
¿Permitirá el snow-farming que cualquier estación de esquí pueda abrir 200 días al año? cuestión de tiempo...
 
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