Esquiar en los 80: ¡Lo que puede volver en las pistas tras el coronavirus!

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Esquiar en los 80: ¡Lo que puede volver en las pistas tras el coronavirus!

Foto: Pixabay.com

Lun, 04/05/2020 - 07:48
Pocos esquiadores bajando, subir en los telesillas de uno en uno o de dos en dos, pocos remontes nuevos... Algunas cosas parece que serán como esquiar 40 años atrás.

La COVID-19 lo cambiará todo, por lo menos hasta que exista una vacuna. En este todo, se incluye la práctica de los deportes de invierno. Para quienes ya esquiábamos en la década de los ochenta, será como volver al pasado en algunos aspectos y algunas de las imágenes de las que ya solo guardábamos en el recuerdo se pueden volver repetir la próxima temporada de esquí en las estaciones. Aunque, pensándolo bien, otras nunca volverán. ¿Nos acompañas en este viaje en el tiempo?

Telesilla de 2 plazas hasta la Tosa (Foto: cedida por Roman Llagostera).

 
Volverá: Telesillas de una persona y dos personas
 
¿Te acuerdas de ellos? ¿Los telesillas de una y dos personas? En los años 70 y 80 del siglo pasado eran lo más lujoso y comenzaban a sustituir a los telesquís (hoy aún quedan algunos de 2 plazas que piden a gritos su sustitución). La calefacción de los asientos tampoco existía. Cuando hacía frío, solo te cubrían las piernas con una manta.
 
Si bien es verdad que no se van a convertir los telesillas de 8 y 10 plazas en dobles e individuales, lo más probable es que solo podamos subir como máximo por parejas y separados, uno en cada extremo de la silla, con lo cual la experiencia se parecerá a la de hace 40 años o más.
 
No volverá: Subidas de 30 minutos contemplando el paisaje
 
¿Hemos dicho lo mismo? No, en ningún caso, porque, aunque subiremos de uno en uno, o de dos en dos en los telesillas, como son súper-rápidos, el trayecto durará apenas unos minutos.
 
En los telesillas de los ochenta, que aún conservan algunas pequeñas estaciones, no solo estabas sentado, sino también mucho rato. Los remontes eran mucho más lentos, por lo que podías estar subiendo durante 30 minutos (no exageramos). Entonces, el trayecto llegaba a convertirse en una experiencia para observar todos los detalles del paisaje.
 
Volverá: Clases de esquí con menos alumnos
 
Si alguno de los que empezábamos a esquiar en los ochenta guarda alguna foto se sus primeras clases de esquí, podrá observar que en las clases colectivas éramos pocos alumnos por profesor y ocupaban buena parte de la pista. Es muy posible que el próximo invierno vuelven las lecciones de esquí con pocos alumnos y separados unos de otros.
 
Así nos equipábamos a principios de los 90 (Imagen de archivo estación Vallter 2000).
 
No volverá: Gorros, ropa y trucos de la vieja escuela
 
En aquel entonces, nadie llevaba puesto un casco de esquí (y mucho menos un protector de espalda) y pocos una máscara. La ropa de esquí no se parecía a la de hoy día y los esquís eran mucho más altos que nosotros. Cuando veíamos a los que sabían hacer algún salto y alguna pirueta en el aire poco tenían que ver con las actuales. Las “tijeras” eran el truco de moda.
 
No creemos que vuelvan a popularizarse para esquiar ni los gorros, ni las gafas Vuarnet o similar, ni los trucos de la vieja escuela, que solo permanecerán en el recuerdo y en fotografías de papel y películas de Super-8.
 
Pistas de esquí de Moninec, cerca de Praga. (Foto: Czech Radio).
 
Volverá: Pistas con pocos esquiadores bajando
 
En la década de los ochenta el esquí comenzó a democratizarse. Aunque esquiar a menudo estaba al abasto únicamente de los bolsillos de la clase burguesa, muchas familias de clase media pudieron introducirse en este deporte. Ni que fuese un día y subiendo en autocar o en tren.
 
En aquel entonces, no necesitabas que fuera a primera hora o a última y en temporada baja para no cruzarte con apenas otros esquiadores durante una bajada. De hecho, el peligro por colisión entre esquiadores era más bien raro.
 
En este siglo XXI, las salidas de los telesillas y las pistas centrales de las estaciones parecen, a veces, el centro comercial de una gran ciudad en época de rebajas. En el invierno 2020-21 no será así, porque si los esquiadores llegan mucho más espaciados al punto de salida de las pistas, también habrá menos gente bajando por ellas.
 
No volverá: el forfait de papel adhesivo
 
 
En la década de los ochenta estaba de moda ir acumulando forfaits, uno encima de otro, y sujetos por la misma pinza, en nuestro anorak. Llevar más forfaits colgados era sinónimo de haber esquiado más veces.
 
No existían los pases de tarjeta y no digamos los forfaits electromagnéticos. Eran forfaits de papel adhesivo de dos caras que se enganchaban entre sí y se sujetaban con un alambre. En algunas estaciones todavía se utilizan, pero el coronavirus puede provocar su total desaparición en favor de otros métodos donde la manipulación sea mínima.
 
Para guiarnos por las pistas, todos íbamos con un mapa de papel que llegaba chorreando al final de la jornada. Algo que tenderá a ir siendo sustituido por Apps desde nuestro dispositivo móvil.
 
Volverá: Envejecimiento de los remontes mecánicos
 
Zug (Lech-Zurs). Foto Barrufa
 
Una de las obsesiones de las estaciones de esquí ha sido siempre renovar los remontes mecánicos para hacerlos más rápidos y con mayor capacidad de transporte de esquiadores.
 
Los nuevos sustituyen a los viejos y cada vez hay más. En los ochenta, el paisaje de instalaciones, invierno tras invierno, era casi idéntico, y cuando se cambiaba un remonte era porque se estropeaba y ya no daba más de si.
 
La crisis del coronavirus ha detenido muchas inversiones y quizás, durante algunas temporadas, tendremos que acostumbrarnos a no “estrenar” nuevos telesillas y telecabinas y esquiar con los que hay.

No volverá: Embadurnarse la cara con crema aceleradora de bronceado

En los ochenta, no teníamos ni idea de lo perjudicial que podían llegar a ser los rayos del sol, muchos cuando esquiábamos en grupo competíamos por ver quien era el que estaba más moreno (rojo), algunas veces, después de una soleada Semana Santa llegábamos a casa con la piel cayéndose a tiras de nuestra cara, aunque con buen humor sonreíamos y pensábamos que nos habíamos pasado. Nos poníamos crema aceleradora del bronceado tipo Lancaster, o incluso alguna crema más extraña que algún amigo "experto" nos recomendaba y de la que ni nos acordamos.

Esto seguro que no volverá, ahora somos conscientes del perjuicio de un exceso de sol. Hemos pasado del acelerador del bronceado a la crema protectora de factor 50, y normalmente vamos protegidos con casco y con gafas de máscara.

 

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