¿Es el polvo sahariano un 'enemigo' de la nieve? causas y efectos

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¿Cómo afecta el polvo sahariano a la nieve?
Mar, 01/10/2019 - 17:31
El polvo sahariano es un compañero poco conveniente para la nieve y el esquí ¿Tiene más incidencia ahora que antes? ¿Cómo nos afecta? ¿Qué hacen las estaciones para paliar sus efectos?

No falla. No hay temporada de invierno sin nieve ni temporada sin alguna descarga de polvo sahariano sobre las pistas de esquí. Y eso supone un problema para la conservación de la nieve.

Pero ¿por qué? ¿Qué consecuencias tiene el polvo del Sahara sobre la nieve? Y a día de hoy ¿hay más, o menos, nevadas “saharianas” que años atrás? Vamos a preguntar a los expertos y a descubrir qué hacen las partes afectadas, las estaciones de esquí, para convivir con el polvo sahariano.


El polvo sahariano entrando en la Península Ibérica en una imagen de la NASA (Foto: NASA).

Basta con mirar en la hemeroteca para darse cuenta de que el polvo del Sahara cada año nos visita en pistas. Y a veces en más de una ocasión. Su presencia se hace patente a lo largo y ancho de la península Ibérica, y por tanto en estaciones de esquí como Sierra Nevada, las del Pirineo y si nos vamos más allá,  también las de los Alpes.

De hecho, el polvo del Sahara es un fenómeno transoceánico, y no sólo lo podemos observar en Europa: también ha acabado atravesando el Atlántico y afectando países como Brasil y la selva amazónica.

Las consecuencias de las precipitaciones de lluvia que nos llegan acompañadas de polvo del Sahara son bien conocidas por todos los que, cuando se producen, tenemos el coche aparcado en la calle. El resultado es obvio: cuando se secan las gotas de lluvia sobre la carrocería de nuestro coche las marcas de polvo están muy presentes. Y lo mismo ocurre con la nieve. Cada vez que un copo de nieve viene acompañado por polvo, el resultado es bastante evidente. Si estamos esquiando nuestras máscaras y chaquetas quedan sucias de polvo. Y al día siguiente, en pistas, el paisaje se queda más amarillento o amarronado que no blanco.


Nieve con polvo sahariano en el Pirineo Aragonés, a finales de abril de 2018. Al fondo, el Pico de Tres Hombres (Foto: Juan Manuel Sanz Casales).

Recordando las nevadas saharianas más recientes

No hay que ir muy lejos para recordar la última nevada con polvo del Sahara. La última que llegó a los Pirineos fue la del Lunes de Pascua de 2019. ¿Recordáis en qué condiciones estuvimos esquiando ese día? Pero si hacemos una búsqueda en la hemeroteca, vemos que de visitas de polvo del Sahara hay, como mínimo, una por temporada, pero en algunas incluso dos veces. Al margen de lo que pueda pasar ya fuera de la temporada de nieve.

Hace tres años, en el 2016, las borrascas cargadas de polvo sahariano nos afectaron doblemente. Una cayó en noviembre y la otra en febrero, en concreto el día 22. Seguramente esta la recordaréis porque llegó 5 días antes de la celebración de la Copa del Mundo de esquí femenino en la pista Águila de Grandvalira. Los responsables de la pista se tuvieron que apresurarse a retirar 15 cm de nieve “oxidada” que cubría esa pista de Copa del Mundo.

Justo un año más tarde, en febrero de 2017, la nevada con polvo sahariano nos visitó el 11 de febrero, pero por suerte, 24 horas más tarde, una segunda nevada sin pizca de polvo en suspensión consiguió paliar sus consecuencias.

En abril de 2018, una borrasca de sur dejó el Pirineo teñido de marrón con datos casi de récord. Los que sois aficionados a seguir el espectáculo del KL de Grandvalira también deberéis recordar las imágenes de la carrera, con el polvo sobre la pista Riberal de Grau Roig. Se considera que fue la más importante desde que hemos entrado al siglo XXI, según datos recogidos en los puntos de medición instalados en Formigal, el Valle de Izas, y al sur de la península Ibérica, en Sierra Nevada. Se llegaron a medir 12 gramos por cada metro cuadrado.

Dejando a un lado la imagen que genera el polvo al ensuciar la nieve, y que no conocemos a nadie a quien guste demasiado, hay otras consecuencias. En la práctica deslizarse sobre esa nieve marrón no es ni agradable a la vista ni por supuesto para nuestros esquís y piernas, ya que nos obliga a forzar la conducción porque a menudo la nieve queda pastosa y nos frena a la hora de deslizarnos por ella.

Pero ¿qué otras consecuencias tiene el polvo del Sahara sobre la nieve? No constan estudios sobre sus derivadas en el sector de las estaciones de esquí. Lo único que hay publicado hoy en día al respecto es el estudio que ha dirigido Jorge Pey, doctorado en la Universidad Politécnica de Catalunya e investigador del ARAID en el Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC).


Pista KLde Grau Roig manchada por el polvo del Sahara  (Foto: Grandvalira).

El polvo del Sahara sobre la nieve, en estudio

El fenómeno del polvo sahariano en los Pirineos, Sierra Nevada u otras cordilleras, y sus consecuencias ni es nuevo ni desconocido, por supuesto, pero lo que si se sospecha es que, tal vez, comienza a ser más frecuente de lo normal. Y por eso se está empezando a estudiar con el proyecto Aeronival, que dirige Jorge Pey. Lo hace a través de la unidad de investigación del Instituto Geológico y Minero de España de 2018 (IGME) y del anteriormente mencionado ARAID al Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC).

Preguntado por los motivos que le llevaron a realizar el estudio, Pey explica que “me gusta la montaña, soy esquiador y observador, y cuando el polvo del Sahara cubría en alguna ocasión las estaciones donde habitualmente esquío, Astun o Candanchú, me gustaba observar de qué manera podía influir ese polvo sobre la nieve“. Y resultó ser bastante concluyente: “el polvo aceleraba la fusión de la nieve, esa fue la primera conclusión, pero quería saber qué otras consecuencias tenía”.

Si bien Pey y su estudio han llegado a la conclusión de que cada vez que nos visita el polvo del Sahara, la nieve de los Pirineos o Sierra Nevada se funde a una velocidad más rápida de lo habitual, el estudio también ha servido para iniciar nuevas vías de investigación.

El color blanco de la nieve refleja la radiación solar y la devuelve a la atmósfera, mientras que si la teñimos de marrón, baja el albedo y eso significa atrapar más calor y radiación. Por eso Pey confirma que Juan Ignacio López, desde el Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC) lleva a cabo un estudio sobre “la relación y balance de intercambio de energías que el polvo genera sobre la nieve”. En este mismo sentido el estudio también ha concluido que estos episodios contribuyen a aumentar la temperatura del entorno.


Esquiadores en formación sobre una pista manchada por el polvo del Sahara (Foto: Ivan Sanz).

¿Van a más las nevadas “saharianas”?

La respuesta no está clara. Según Pey, este tipo de episodios son habituales a finales de la primavera o comienzos del otoño, aunque han detectado que, en los últimos años, ocurren en épocas del año menos habituales. Sobre la frecuencia Jorge cree que tiene que ver con las fases NAO positiva, que generan más episodios de transporte de polvo en las borrascas, y las fases NAO negativas, que generan más paso de perturbaciones, pero menos transporte de polvo del desierto. Y las NAO positivas parece que van en aumento.

Preguntado por si los glaciares de los Pirineos pueden ser un buen indicador para saber con qué frecuencia las nevadas con polvo del Sahara han ido afectando la cordillera, razona que “estos tienen movimiento” y si bien en muestras verticales se detectan capas con presencia de polvo del Sahara, “en la práctica se hace difícil fechar la precipitación de aquel polvo o con qué frecuencia se han ido sucediendo estos episodios”. Eso sí, afirma que “la información que nos dan los glaciares es mucha, y no sólo de elementos como el polvo del Sahara”. Para continuar sabiendo más sobre este fenómeno Jorge Pey admite que faltan más estudios. “Y en eso estamos, continuaremos este año y dispondremos de más recursos logísticos y humanos”.


Corte de nieve por pisapistas con capas de nieve y polvo sahariano (Foto: IST).

El caso de Sierra Nevada

En el terreno más práctico, el polvo sobre las pistas de esquí y la fusión acelerada; la pregunta recurrente es: ¿se puede hacer algo para paliar sus efectos? Para saber cómo reaccionan hemos preguntado a los responsables de las estaciones de esquí de Sierra Nevada, en Granada, y de La Molina, en Girona.

Eduardo Valenzuela, Director de Montaña de Sierra Nevada, explicaba a Lugaresdenieve.com que las afectaciones que tiene el polvo para la estación de esquí son varias. De entrada, suscribe lo que dice el estudio de Jorge Pey. “Sí, la nieve resiste mejor cuanto más limpia o blanca está” así que “los episodios de polvo sahariano hacen que la nieve se vaya fundiendo antes”, confirma Valenzuela.

Por suerte el responsable de montaña de la estación granadina explica que “los episodios de polvo se suelen producir hacia final de temporada” pero recuerda, con cierta resignación, como “en 2017 sucedió un episodio a finales de febrero, justo antes de la celebración de los Campeonatos del Mundo FIS de Freestyle y Snowboard".

Una de las pocas soluciones que según Valenzuela tienen las estaciones de esquí para paliar los efectos de la nieve con polvo del Sahara es “mezclar con las pisanieves la nieve recién caída, la que lleva polvo, con las capas inferiores, que son más blancas”. Eso, argumenta, les sirve para “reducir lo más que podemos el problema”.

“La misma nieve fuera de pista teñida con el polvo, y no mezclada con las máquinas, se funde antes que la que hay en las zonas pisadas”.

Dejando de lado esta solución, el responsable Sierra Nevada explica que “para evitar la fusión rápida de la nieve la mejor solución es esperar a que vuelva a nevar pronto, y así sobreponer una nueva capa de nieve blanca sobre la nieve marrón”. Pero ¿y si no nieva de nuevo pronto? La alternativa es “producir nieve artificial encima” pero admite que cuando se llega al tramo final de la temporada este es “un recurso poco útil”.

A pesar de las afectaciones reales de la nieve "oxidada" Valenzuela recuerda que “durante los Campeonatos de 2017 tuvimos más clientes de lo habitual en períodos similares de años anteriores” y que la afectación del polvo Sahariano, sin embargo, “no restó público al espectáculo“.


Aeronival, único estudio en marcha para estudiar las consecuencias que tienen las nevadas acompañadas de polvo del Sahara (Foto: aeronival).

El caso de La Molina

La estación de la Cerdanya también recibe cada año, con más o menos intensidad, la visita del polvo del Sahara. Xavier Perpinyà, su director, coincide con las soluciones que adoptan en Sierra Nevada, pero hace algunas aportaciones.

Perpinyà explica que “una vez mezclada la nieve con las máquinas, ésta siempre queda sucia. Si vuelve a nevar, nos encontramos que la nieve que queda fuera de la pista, la que las máquinas no han pisado, quedará más blanca que no la de la pista” y recuerda que “eso es lo que pasó en la Molina el año 2017”. Pero esta circunstancia tiene efectos en el paisaje muchos días después. “Es decir, es como si hubiera dos etapas. Antes de la nevada siempre se ve más blanca la nieve pisada y la de fuera se ve de color marrón, pero tras la nevada fuera se ve blanco y dentro las pistas de color marrón. Una vez la nieve está sucia, normalmente lo está para toda la temporada” aclara el director de la Molina.

Pero los efectos negativos del polvo del Sahara sobre la nieve también los provocan otros elementos, con consecuencias casi idénticas. Según Perpinyà las estaciones de esquí cada vez están más centradas en “no ensuciar” la nieve.

“Cuando un esquiador entra en pistas debemos procurar y facilitar en la medida de lo posible que lo hagan con las botas de esquí cuanto más limpias mejor. Lo mismo procuramos con los trabajadores de los remontes, es importante que no ensucien las zonas de carga y descarga de los clientes” dice. Por ello, añade, estaciones como La Molina se esfuerzan en facilitar “que los esquiadores, desde que llegan al aparcamiento hasta que se calzan los esquís sobre la nieve, se ensucien las botas lo menos posible”. Hace referencia a los caminos de alfombra de goma o pasarelas de metal que permiten un primer contacto con la nieve con las suelas de las botas limpias. “Las estaciones de esquí siempre morimos por las partes bajas de las pistas, que normalmente son las que ensucian más, por eso es muy importante tener las plazas de entrada de los clientes blancas y ordenadas”, una medida que también se suele reforzar produciendo “más nieve de cañón”.


La Molina 11 de febrero de 2017. Una primera nevada con polvo sahariano que en menos de 24 horas fue cubierta por una nueva nevada “limpia” (Foto:I. Sanz).

¿Qué son las NAOS positiva y negativa?

El índice NAO es la diferencia entre la presión a nivel del mar entre dos estaciones situadas en las proximidades de los centros de las bajas de Islandia y las altas de las Azores. Stykkisholmur (Islandia) se usa como la estación del norte, mientras que Ponta Delgada (Azores), Lisboa (Portugal) y Gibraltar se usan como estación del sur.

La fase positiva del índice NAO presenta unas presiones más altas que las habituales del centro de altas subtropicales y más profundas que las bajas presiones del Atlántico. El aumento de la diferencia de temperaturas da lugar a tormentas invernales más frecuentes e intensas que atraviesan el Océano Atlántico, así como un desplazamiento más hacia el Norte. Como resultado de ello, se producen inviernos cálidos y húmedos en Europa e inviernos secos y fríos en Canadá y Groenlandia. En este caso, el Este de EE.UU. experimenta unas condiciones invernales templadas y húmedas. Por ejemplo, los altos índices de invierno / primavera de 1989, 1990 y 1995 fueron causados ​​por un desplazamiento neto de aire desde el Ártico e Islandia hasta el cinturón subtropical cerca de las Azores y de la Península Ibérica y se intensificar los vientos del Oeste sobre el Norte del Océano Atlántico. Otros vientos más fuertes del Oeste originan un aire más húmedo y cálido sobre el continente europeo y dan lugar a unos inviernos marítimos más suaves.


Campeonatos del Mundo en Sierra Nevada en 2017 (Foto: SN).
 


Análisis de las predicciones estacionales: Norteamérica (ENSO) versus Europa (NAO). Más info.

 

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