El entusiasmo por unos juegos de invierno en el Pirineo se gana día a día

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Y vosotros, ¿Qué opináis sobre organizar unos juegos de invierno en Barcelona y el Pirineo para el 2030? ¿Por qué no hay un apoyo más convincente?


Prueba de la Copa de Europa de esquí alpino femenino celebrado en La Molina en marzo pasado (Foto: Ivan Sanz).

Ya han pasado casi dos meses y medio desde que la última estación de la Cerdanya despidió la temporada. Una temporada que, dicho sea de paso, todo el mundo se ha encargado de repetir por activa y por pasiva que ha sido histórica, por espesores de nieve y por afluencia de esquiadores en pistas. Esto es, en síntesis, lo que ha quedado.

Hace unos días leía que las candidatas austríacas de Graz y Schladming para albergar unos juegos de invierno se añadían a la suiza Sion renunciando a presentar candidatura para el 2026. Seguro que tendrán sus motivos. Parece que el COI está rebajando las exigencias para las candidaturas y está cambiando algunos requisitos que hagan más asumible, en el ámbito organizativo y económico, la posibilidad de acoger unos juegos en el Pirineo. Quizás todavía son medidas insuficientes, viendo las continuas renuncias de candidatas del todo solventes.

Por el contrario, la posibilidad de ver unos juegos de invierno en el Pirineo, y en el caso concreto de la Cerdanya con las estaciones de La Molina y Masella como posibles sedes de algunas pruebas olímpicas, vuelve a ser una posibilidad real para 2030 .

Sobre el hecho de organizar unos juegos de invierno en la Cerdanya hay gente a favor y gente en contra. Cuando se habla, que dicho sea de paso no es demasiado a menudo.

Entre las razones para el no hay argumentos de todo tipo: "que si no tenemos suficiente nieve", "que si los juegos olímpicos se han convertido en un negocio feo" o "que no quieren ver un Pirineo masificado". 

Entre los argumentos por el sí: "existe la oportunidad de poner al día infraestructuras de todo tipo en el Pirineo" o "proyectar las comarcas del Pirineo hacia una economía más próspera" gracias a posicionar el Pirineo dentro de los deportes de invierno en todo el mundo.

A menudo pienso que, sobre estar de acuerdo o en contra, muchos ciudadanos actuamos con cierto egoísmo. Apoyar o no a unos juegos de invierno en Barcelona y y los Pirineos se hace casi siempre desde el punto de vista de los intereses personales de cada uno.

Si el que opina es esquiador, se apoya más fácilmente, pero si no es esquiador, entonces ya no se ve con tanta gracia. Si el que opina tiene una segunda residencia en la Cerdanya o en la Val d’Aran, en su momento en busca de paisajes y tranquilidad, posiblemente no se deseen unos juegos. Pero si el que opina vive y trabaja en el Pirineo todo el año, y su trabajo o negocio dependen del turismo de la nieve, posiblemente sí los quieran. Si además, su hijo juega a hockey hielo, todavía lo ve con más simpatía que no si juega al fútbol. Y así un largo etcétera de argumentos "interesados" por sí y el no.
 
Quizás el problema de la falta de más apoyos y convicciones para albergar unos juegos viene motivado porque todavía no está valorada ni contrastada seriamente la trascendencia de cada una de las temporadas de los deportes de invierno, y del esquí en concreto, para la economía de la Cerdanya. O de la Val d’Arán. Y en esto los medios de comunicación y las instituciones tienen bastante responsabilidad. También el tejido económico de las comarcas del Pirineo tiene mucho que decir, y lo cierto es que no se hace escuchar demasiado.
 
Sin ir más lejos, y unido a las líneas con las que abría este artículo, la temporada 2017-18, la "histórica" ​​por espesores y clientes, resulta que también ha sido histórica por tres aniversarios especialmente destacables en la Cerdanya: Guils-Fontanera cumplía 25 años, Masella cumplía 50 y la Molina 75. Pero, cuántas asociaciones de hostelería y comercio, cuantas instituciones y cuantos medios nos lo recordaron y nos lo pusieron en contexto para entender la importancia en la economía de la Cerdanya de estos 3 aniversarios?
 
Estoy seguro de que si se explicara más y mejor los beneficios de unos juegos de invierno en los Pirineos, o la importancia de consolidar el turismo de invierno en las comarcas de montaña, los apoyos serían más numerosos y más convincentes.
 
Viendo la renuncia de candidatas solventes para acoger unos juegos en Austria o Suiza, donde las infraestructuras están bastante más al día que en nuestra casa y el nivel de vida es más elevado, y por tanto pueden prescindir perfectamente de organizar unos juegos, me hace pensar que la coyuntura para preparar una candidatura ganadora del Pirineo para los juegos de invierno de 2030 podría convertirse en inmejorable.
 
Sin embargo, tengo la impresión de que falta apoyo y convicción desde más sectores. Es como si se hubiera puesto de moda estar en contra de los grandes eventos sólo que detrás haya un solo político o una sola empresa. Una única sospecha de interés demasiado crematístico y todo se va a pique. Porque lo cierto es que los argumentos del no en este tipo de eventos han entrado en un terreno y una audiencia propicia, en parte gracias a los desengaños de una parte -no toda, por supuesto- de los representantes del mundo político y de unas empresas -a menudo multinacionales- sin ningún otro valor que no sea el de hacer caja.

La temporada 2018-19 ya está en la cuenta atrás, o sea, a 4 meses de empezar. Cuando acabe volveremos a recordarla básicamente por si ha sido buena o no. Quizás todos coincidiremos en calificarla con un adjetivo, como hemos hecho este año con "histórica". O quizás la podemos recordar como la de la cuenta atrás para presentar definitivamente una candidatura Barcelona-Pirineos.

Por mi no hace falta que os diga que desearía que la candidatura Barcelona-Pirineus de verdad avanzara y fuera una realidad, que lo hiciera con más apoyos y con más convicciones dentro de los territorios receptivos, porque al final los que lo están impulsando y preparando (Taula de Treball Permanent per una Candidatura Olímpica d’Hivern Pirineus-Barcelona) lo hacen con seriedad, con ganas, con entusiasmo y, aunque a algunos les cueste creerlo, lo harán más pensando en las comarcas del Pirineo que no en la misma Barcelona.

Eso sí, la capital catalana aportará el nombre, la marca, la credibilidad y la garantía de éxito. Pero mucho me temo que si los que apoyan la candidatura desde el Pirineo no hacen más ruido, todo podría volver a quedar en nada. Así que, ¿Qué os parece? ¿Empezamos todos juntos, los que vivimos en el Pirineo los primeros, a empujar por la candidatura para el 2030?


 

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Blog creado por Ivan Sanz Tusell
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